“El calor es terrible, no se aguanta; yo me tomo como 10 litros de agua al día”, dice exagerando un poco Ana Isabel Chan Garrido.
“En serio, no tenemos refrigerador y tenemos que comprar agua helada a cada rato”, agrega la empleada, quien es vecina de la colonia Salvador Alvarado.
Ella se dedica la mayor parte del día a repartir pedidos que le encargan locatarios, mientras María May Caamal va de un lado a otro entre la máquina de tortillas y la báscula para servir a los clientes.
Ambas trabajan desde las 5 de la mañana hasta las 3 de la tarde. Sólo los sábados salen a las 17 horas porque ese día la venta termina más tarde.
“Ella es la que se queda todo el día en la tortillería y por culpa del calor siempre tiene salpullido”, comenta Ana Isabel, compañera de María May. Sin embargo, María sostiene que nunca ha padecido una enfermedad seria por trabajar en el molino.
“El calor es terrible, pero ya estoy acostumbrada. Cuando salgo de trabajar desaparece el salpullido”, dice.
“Eso sí, cuando llueve espero que pase para que me pueda ir a mi casa y que no me dé una pulmonía”.
La empleada cuenta que constantemente toca de manera accidental la máquina caliente y se quema, pero también está acostumbrada.
María May sale de su casa, en la colonia Santa Isabel, a las 4 de la mañana para ir a su trabajo. Regresa a su hogar entre 5 y 6 de la tarde. Es casada pero no tiene hijos.
“Cuando llego al molino ya está preparado el nixtamal, sólo lo muelo, pongo a calentar mi máquina y cuando salen las tortillas empiezo a servir”, explica la mujer.
“No sé cuántos kilos de tortilla vendemos al día, nunca me fijo… estoy acostumbrada al calor, me gusta mi trabajo”, afirma.- M.A.Ch.M.
En sus propias palabras
María May Caamal
“Siempre me he quemado con la máquina, pero ya me acostumbré. Tomo mucha agua, de tres a cuatro litros al día”.
“Ya es la costumbre, me gusta mi trabajo. Llegó a las 6 de la tarde a mi casa y me pongo a hacer cosas del hogar”.
“Me quito de la casa a las 4 de la mañana porque casi no hay camiones y si espero llego tarde. Nunca me he enfermado”.
Es vecina de la col. Santa Isabel, casada y sin hijos.